Por Anita Hidalgo
Hay empresas que nacen para responder a una necesidad. Otras, en cambio, terminan moldeando una industria. La historia de EMASA y Noriega Vanzulli tiene algo de ambas.
En una época donde el parque automotriz chileno comenzaba a expandirse y el acceso a repuestos era limitado, surgieron actores que entendieron que el verdadero desafío no era solo vender piezas, sino garantizar continuidad operativa. En ese contexto, en 1958, nace EMASA en Santiago, iniciando un camino que con el tiempo la llevaría a convertirse en un articulador clave entre marcas globales y el mercado latinoamericano.

Años más tarde, en 1965, Noriega Vanzulli se posiciona como un actor relevante en la distribución de repuestos en Chile, construyendo su reputación desde la cercanía con el cliente y el conocimiento técnico del producto. Dos historias que, con el tiempo, convergen bajo una misma estructura: el Grupo EMASA.
Hoy, esa integración no diluye identidades. Al contrario, potencia especializaciones. Mientras EMASA consolida su rol como plataforma regional de soluciones de movilidad -con presencia en Chile, Perú y Colombia- Noriega Vanzulli mantiene su ADN comercial independiente, con foco en la distribución eficiente y el contacto directo con el mercado.
El aftermarket que ambas compañías conocieron en sus inicios ya no existe. La industria evolucionó hacia un entorno altamente competitivo, donde la disponibilidad inmediata, la trazabilidad del producto y la confianza en la cadena de suministro son variables críticas. En ese escenario, la exigencia es transversal. “El aftermarket hoy es un mercado mucho más exigente. La disponibilidad, la rapidez y la confianza dejaron de ser atributos diferenciadores y pasaron a ser condiciones básicas para operar”, explica Roberto Jara, desde EMASA.
Esa presión también se vive en la operación diaria. Para Noriega Vanzulli, el foco está en la ejecución. “Es un mercado cada vez más dinámico y competitivo. Nuestro foco está en el stock, la rapidez y la cercanía con el cliente”, señala Felipe Palacios, reforzando una lógica donde la eficiencia logística y la relación comercial siguen marcando diferencias.
En ese contexto, el portafolio se vuelve estratégico. EMASA ha construido su propuesta representando marcas globales como Bosch, ZF, KYB, Thule, Sonax y Hyundai, integrando soluciones que van más allá del repuesto. Noriega Vanzulli, en tanto, despliega una oferta especializada que abarca embragues, filtros, motor, frenos, chasis y refrigeración, con marcas como PHC Valeo, Fritec, Fremax, Taiho, Mitsuboshi, KYB y CTR, entre otras.
Pero la transformación más profunda no está solo en el producto, sino en la forma de operar. La digitalización dejó de ser una tendencia para convertirse en una herramienta estructural. “El e-commerce debe transformarse en el gran catálogo virtual de la compañía. No es solo un canal de venta, es una herramienta estratégica para conectar con el cliente”, plantea Jara. Una visión que dialoga con la experiencia de Noriega Vanzulli, donde el desarrollo digital ha sido parte de su evolución: “Fuimos pioneros en el e-commerce B2B, entendiendo temprano que la digitalización iba a cambiar la forma de relacionarnos comercialmente”, agrega Palacios.
Aun así, en medio de la tecnología y la automatización, hay elementos que se mantienen. La cercanía, el conocimiento del cliente y la confianza siguen siendo pilares del negocio. Incluso dentro de una estructura mayor, esa identidad se resguarda. “Ser parte del Grupo EMASA nos permite potenciar nuestra operación, manteniendo una identidad comercial independiente y cercana al mercado”, afirma Palacios.
En paralelo, la industria enfrenta nuevos desafíos. La sostenibilidad, la electromovilidad y la formalización del mercado comienzan a redefinir el futuro del aftermarket. En ese escenario, el rol de los gremios adquiere mayor relevancia. “Valoramos el rol de CAREP en la profesionalización del sector. Hoy más que nunca se necesitan espacios que ordenen y proyecten la industria”, destaca Jara.
Mirar la historia de EMASA y Noriega Vanzulli es, en el fondo, mirar la evolución del aftermarket en Chile. Una industria que creció desde la experiencia, se consolidó desde la confianza y hoy se proyecta desde la capacidad de adaptación.




