Por Alexis Cares | Fotos: Alexis Lepin
Me gusta Honda, su historia, la de su fundador, ese mecánico autodidacta que trascendió desde su pobreza hasta ser un referente mundial de la innovación y los principios que seguirán moviendo y asombrando a buena parte de un mundo que se mueve y se mueve.
Y yo esta vez me moví en una de sus nietas o bisnietas: la preciosura Honda CL300, una creación que pincha con quien la ve pasar y que incluso se puede convertir en la primera moto de alguien que nunca antes tuvo o se subió a una.
A los pocos días de comenzar a conocerla, ya me di cuenta de lo sensacional, cómoda y económica que es para desplazarse por las calles congestionadas y estacionarse donde no cabe ni el más pequeño de los autos.
Seductora. A morir. Su estilo scrambler con escape de aluminio elevado, asiento de una sola pieza y estanque rescatado de la década de los cincuenta, renace como fórmula bella y encantadora.
Así que si se convierten en dueños o usuarios de esta 2026 con pinta de rockabilly, sepan que los van a mirar y piropear.
Por carretera me atreví en un trayecto de unos 300 kilómetros. Santiago, Casablanca y luego por sus rutas más desconocidas que cosquillean viñedos y otros verdes del valle. Habilidosa y muy maniobrable en las curvas. Neumáticos ideales para una pisada segura, firme y con buen agarre.
En la carretera abierta, se echa de menos una protección contra el viento por lo que la recomendación es ir entre 100 y 110 km/hora. No más. Puede más, pero vibra y lo suyo vive ahí, en el disfrute y avance de esa velocidad crucero que regala vistas y el viento en la cara que parece vitaminizarnos de nuevas cosas y sensaciones.
No quería devolverla, pero había otros colegas esperando por esta aplaudida CL300, con acabados premium, 26 caballos y un cambio mecánico con asistencia que a veces no es necesario usar la maneta del embrague.
Bien Honda y su legado, grande Soichiro Honda, que entregó una filosofía casi nivel biblia: “El éxito representa el uno por ciento de tu trabajo, y es el resultado del otro 99%, que llamamos fracaso”. Acá con la Honda CL300 tenemos la expresión de ese rico uno por ciento… Se los firmo.




